Estoy sumergida en un tiempo que no es mío, en minutos
inentendibles que pasan tan desapercibidos como el canto de un Chucao sobre el
bosque Chilote que nadie alaba. No soy
del norte, soy de los desierto alfombrados en flores efímeras que viven solo en
espíritu, no soy del centro, soy de la cordillera de los andes que nevada se
hace presente para que no olvidemos su desdicha internacional, no soy del sur…
soy sur, soy de los bosques nativos que ahuyentan a los monstruos gigantes intentando
salvar su alma húmeda milenaria que se la han arrancado sin previo aviso.
Soy de las aguas frías del mar interno, y de las aguas inquietas del pacífico gigante que reviven en la costa Chilota y se llevan mar adentro las mitologías que dan miedo y las que reconfortan. Soy de los lagos rojos que en verano y transparentes sumergen la vida para morir y renacer, soy de las lanchas a remo que me enseñaron a sentir las olas por debajo y a comprender que la vida es mejor sin motor.
Soy de las aguas frías del mar interno, y de las aguas inquietas del pacífico gigante que reviven en la costa Chilota y se llevan mar adentro las mitologías que dan miedo y las que reconfortan. Soy de los lagos rojos que en verano y transparentes sumergen la vida para morir y renacer, soy de las lanchas a remo que me enseñaron a sentir las olas por debajo y a comprender que la vida es mejor sin motor.
Soy la eterna nostalgia de la Pincoya, su eterna espera, su eterno
baño de mar Chilote, soy su eterna cabellera lisa que peina. Soy la sirena en
la proa del Caleuche, el pan que comen, y el vino que toman, soy los mismos
fantasmas que llegan a la orilla para robarse a algún ebrio que camine descalzo
por la playa, medio desorientado. Soy el flamenco que llega en verano, y el
hielo que cubre el invierno. Soy el curanto recién echo y el milcao recién
comido, soy la empanda de manzana y mariscos, soy la lana gruesa que huele a oveja,
soy el chaleco de los trecientos sesenta y cinco días del año, soy el salmón
extranjero que nunca fue Chilote, y soy el chorito que arrancaron del agua fría
y lo llevaron al agua hirviendo.
Soy el viento que suena, soy la lluvia que
arrasa, soy los rayos que asustan y alumbran, que se llevan la energía y la
devuelven, soy el agua en las calles, soy el agua en el barro, soy la madera
humedecida y cuando está seca, soy la gaviota eterna, esa que nunca desaparece,
soy el lobo de mar que descansa en la boya y que come en la orilla, soy
palafito, de esos viejos y originales, de pescadores humildes y fantasmas
mojados, soy la leña quemada… soy la leña hecha tejuela… y soy el musgo en
ella.
Soy el muelle de las almas y sus piedras incrustadas, esas que se
llevaron los turistas ilusos para patentarlas, venderlas, guardarlas,
esconderlas… cualquier cosa que hagan, como lo hacen con todo lo que “encuentran”
Soy la luna, soy su reflejo en Pastahue, en Natri, en Maullín, en Tepehueico, y
tarahuín… Soy Nahuiltad. Soy Nercón. Soy Lllau-llao, Soy Castro céntrico, soy
calle O`Higgins… Soy Chacao en tempetad.



Es muy bello lo que escribes.
ResponderEliminarMuchas gracias patricia! espero sigamos leyendonos! saludos
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