lunes, 20 de julio de 2015

En tempestad.


Estoy sumergida en un tiempo que no es mío, en minutos inentendibles que pasan tan desapercibidos como el canto de un Chucao sobre el bosque Chilote que nadie  alaba. No soy del norte, soy de los desierto alfombrados en flores efímeras que viven solo en espíritu, no soy del centro, soy de la cordillera de los andes que nevada se hace presente para que no olvidemos su desdicha internacional, no soy del sur… soy sur, soy de los bosques nativos que ahuyentan a los monstruos gigantes intentando salvar su alma húmeda milenaria que se la han arrancado sin previo aviso. 
Soy de las aguas frías del mar interno, y de las aguas inquietas del pacífico gigante que reviven en la costa Chilota y se llevan mar adentro las mitologías que dan miedo y las que reconfortan. Soy de los lagos rojos que en verano y transparentes sumergen la vida para morir y renacer, soy de las lanchas a remo que me enseñaron a sentir las olas por debajo y a comprender que la vida es mejor sin motor. 
Soy la eterna nostalgia de la Pincoya, su eterna espera, su eterno baño de mar Chilote, soy su eterna cabellera lisa que peina. Soy la sirena en la proa del Caleuche, el pan que comen, y el vino que toman, soy los mismos fantasmas que llegan a la orilla para robarse a algún ebrio que camine descalzo por la playa, medio desorientado. Soy el flamenco que llega en verano, y el hielo que cubre el invierno. Soy el curanto recién echo y el milcao recién comido, soy la empanda de manzana y mariscos, soy la lana gruesa que huele a oveja, soy el chaleco de los trecientos sesenta y cinco días del año, soy el salmón extranjero que nunca fue Chilote, y soy el chorito que arrancaron del agua fría y lo llevaron al agua hirviendo. 
Soy el viento que suena, soy la lluvia que arrasa, soy los rayos que asustan y alumbran, que se llevan la energía y la devuelven, soy el agua en las calles, soy el agua en el barro, soy la madera humedecida y cuando está seca, soy la gaviota eterna, esa que nunca desaparece, soy el lobo de mar que descansa en la boya y que come en la orilla, soy palafito, de esos viejos y originales, de pescadores humildes y fantasmas mojados, soy la leña quemada… soy la leña hecha tejuela… y soy el musgo en ella. 
Soy el muelle de las almas y sus piedras incrustadas, esas que se llevaron los turistas ilusos para patentarlas, venderlas, guardarlas, esconderlas… cualquier cosa que hagan, como lo hacen con todo lo que “encuentran” Soy la luna, soy su reflejo en Pastahue, en Natri, en Maullín, en Tepehueico, y tarahuín… Soy Nahuiltad. Soy Nercón. Soy Lllau-llao, Soy Castro céntrico, soy calle O`Higgins… Soy Chacao en tempetad.



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